Ella se siente como una casa deshabitada
por la que han pasado demasiadas tempestades.
Donde los recuerdos tienen óxido y polvo,
las ventanas
rotos los cristales para que entre el cielo
y el olor de la tierra cuando llueve.
Por las noches conspira con la luna
y sueña.
De día viaja a los paisajes del asombro
y vive.
Enmarca la belleza
y colecciona instantes únicos
para aliviar sus días grises.
Ya no es una niña que llora la ausencia de caricias
Ahora las regala.
Y entonces despertó
y estaba sola,
sola con sus miedos.














