Los viernes pongo un CD dependiendo de mi estado de ánimo y me pongo a limpiar mi casa. Hoy toca Sabina. Si los ácaros tuvieran oído musical, ya estarían haciendo las maletas.
Cántame una canción
Al oído y te pongo un cubata-
-Con una condición:
Que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata…
Canto mientras barro, tarareo al pasarle el plumero a las estanterías llenas de libros. Resoplo mientras dejo la loza de los baños con más brillo que el pelo del Travolta en Fiebre del sábado Noche.
Mi chico llena la nevera con la compra semanal. Acudo al aroma del café. Una pausa, un momento compartido, dos pequeñas tazas con su contenido estimulante y negro.
No te preocupes, ya acabo de colocar la compra, le digo.
Que a su chico le suplique “Átame”
No dar el alma…
Canto empuñando un calabacín. Y entonces los veo, rojo pasión y verde esperanza, provocándome desde la mesa de la cocina.
¡Preciosos! Le digo a mi gata poniendo ante sus ojos los tomates. Ella huye despavorida, como si fueran bombas de racimo.
Corro a buscar
Arranco
Sí, eso es. Ahí está. El cielo, una botella azul, la mata del tomate y clic, clic, clic, clic...
…en la farmacia puedes preguntar:
¿tienen pastillas para no soñar?









