31 de octubre de 2007

¡Vaya viajecito, Patinir!

El viajero en tránsito le pide a Caronte que lo conduzca del lado de los vivos al de los muertos. Un óbolo de oro vale el billete. O lo pagas o estás condenado a vagar cien años sin descanso eterno. Según Mercurio, al que ha consultado Caronte antes de partir, la travesía se presenta tranquila. Aunque el viejo gruñón no se fía.

Conque una travesía tranquilita. ¡La madre que trujo a Mercurio!

Pero… ¿quién ha puesto estos rápidos en mi laguna?

Y el pobre Caronte no sabe que acaba de inventar el surf y los parques temáticos.

Caronte se multiplica para luchar contra los elementos. El difunto está muerto de la risa por la mala baba del barquero, que jura y perjura hasta que el río se remansa de nuevo.

Foto del cuadro original, tomada de Wikipedia. Joachim Patinir (1480-1524)

“El paso de la laguna Estigia muestra el mito del tránsito hacia la otra vida.

Caronte lleva en su barca el alma del finado. Atraviesa la Laguna dejando a su derecha a los bienaventurados y a su izquierda a los pecadores. En la pintura se observa la simbología pagana mezclada con la cristiana, como los ángeles y el cancerbero.

En el Museo del Prado se puede disfrutar de la pintura original

Un poco de humor para homenajear a este gran pintor. Y una pregunta para Caronte, ¿desde lo del euro, a cuanto sale el viaje?

23 de octubre de 2007

Los ricos también sufren

Que se lo pregunten a Sor Agapita que cada mañana recoge a los hijos de los inversores arruinados para evitar que los abandonen en una esquina con un cartón de Don Simón y un Mp3 que repite una y otra vez “Es triste pedir, pero más triste es robar...”

En la mansión que vemos al fondo, José Mari, un especulador, se debate entre pegarse un tiro o montarse un chiringuito en un paraíso fiscal de las Bahamas. Ha perdido la dignidad, mucho dinero en bolsa y los sellos heredados, que guardaba para un apuro financiero, son más falsos que un duro de chocolate.

Los acreedores han enviado al hombre del traje negro. Un tipo sin complejos que se viste en el ropero de Cáritas, lleva calcetines blancos con mocasines granates, se cuela en las fiestas y consejos de administración del perseguido haciéndose pasar por su estilista.

José Mari no se ve con ánimo de sufrir tanto ultraje. Roba la bici de su jardinero búlgaro, astrofísico y políglota, y huye con las joyas de su mujer.

Ana, después de cerciorarse que su José Mari no le ha dejado ni la medalla de la comunión, con un ataque de ansiedad, llama a su “coach” que le aconseja…

…que no llore que atrae el mal karma, respire hondo, cambie la decoración de su casa y monte un consultorio de terapias alternativas: tarot, flores de bach, masaje, danzas orientales y sexo tántrico.

Un año después…

Ana ha creado un imperio, pagando sueldos de miseria y fabricando paraísos de cartón piedra para los agobiados de la urbe. Anda por ahí de fiesta en fiesta luciendo su chasis renovado por Corporación Dermoestética, junto a su inseparable “coach” Basilio, que se hace llamar Basil.

José Mari murió el día de su huida en La Castellana. Cuando el forense logró que se desviara el tráfico para levantar el atestado, el hombre parecía una calcomanía de asfalto. ¿A quién se le ocurre desplazarse en bici por Madrid?

¿Sufren o no sufren los ricos? Ah, ¡qué perro mundo!

16 de octubre de 2007

El loquero, el gato chiflado y la niña de los pies grandes

Cuando era pequeña me llevaron al psiquiatra porque amenacé a una niña con un cuchillo. Nos dejaron solos. Frente a frente. El loquero se rascó una oreja y adelantó su cuerpo como si quisiera traspasar la mesa que nos separaba. Le sonreí para darle ánimos. Parecía perdido.

- ¿Por qué crees que estás aquí? - me preguntó con voz suave y vocalizando, muy despacio. - Suponen que estoy loca. - ¿Lo estás? - No. Creo que soy bastante normal. - ¿Quieres decir que eres casi normal o que…? - Quiero decir, le interrumpí al ver que le costaba ordenar sus ideas, que lo único anormal en mí, es que tengo los pies muy grandes. Mire. Alcé mis pies todo lo que me permitían su peso. Él los observó con curiosidad y asintió sin decir nada

- ¿Querías matar a esa niña? - ¿Con un cuchillo de untar mantequilla? - Difícil…, sí. - Sólo pretendía que se callara. Es una imbécil. Se burla de los soñadores. ¿Usted sueña?

Se rascó la cabeza con la goma del lápiz. Insistió en la frente. Imaginé que trataba de borrar sus pensamientos. Observaba la estancia con expresión de ver pasar los trenes.

Un gato chocó contra el cristal de la ventana persiguiendo a un abejorro rayado. Cayó sobre su espalda y allí se quedó. Quieto, con pinta de chiflado. El loquero lo miró de reojo y empezó a hablar en susurros.

- Cuando era pequeño soñé que había muerto. Mi abuela y la tata me llevaron en andas hasta el jardín. Cavaron un hoyo debajo de la adormidera, cerca de la colmena, y me acostaron allí. Iba vestido de marinero. El abuelo cogió tierra con las manos y la dejó caer sobre mi traje. Crujía contra mi corazón como las hojas en otoño...

... Dos mariquitas se posaron en mi nariz. Mientras, la tata tejía una corona con flores blancas y cantaba un bolero triste. Y yo, muerto, me reía del mundo… …La abuela se puso sus ropas de vaciar panales sacó mi alma y se la metió en el bolsillo de su mandil. "La dejaré en la despensa junto a los higos secos con azúcar glas" me susurraba al oído cuando desperté.

- Qué sueño tan bonito - le dije.

Él sonrió con nostalgia. Y supe entonces que de vez en cuando regresaba a la despensa de la abuela para dejar que su alma reposase entre los higos secos con azúcar glas.

10 de octubre de 2007

Otoño caliente

David vestido de otoño con ojo de gato

Estoy inquieta. Y no es el otoño. Eso es lo que me quieren hacer creer, pero yo ADORO esta estación. Siempre fue mi preferida. Me gustan sus colores, sus paisajes, sus olores, sabores y texturas.

¿Entonces?

Veo poca tele, me aburre esa pandilla de cretinos hablando todos a la vez sobre personajes tan anodinos como ellos. Las series: las españolas, las que no tienen caspa y parten de una buena idea se malogran con guiones inverosímiles y poco documentados. Alguna serie americana que me gusta, y no nos pongamos patrioteros, se lo curran más, repiten capítulos como si sufriéramos amnesia constante o las emiten en horarios de locos.

Escena callejera reflejada en escaparate y España cañí

La radio: o música fórmula repetitiva, que hasta ya te sabes el orden de las canciones, o tertulianos a los que sólo les importa su propia opinión, que en demasiados casos carece de argumentos e incluso de la mínima información exigible.

Prensa: concentrada en grandes grupos de poder, defiende sus intereses, no existe el análisis ni la información imparcial. O hay muy poca.

Los políticos profesionales deciden cómo debo vivir. Y viendo lo que hay, miedito me da.

PP: provincianos, fascistas, que no pueden digerir que hayan ganado los otros. ¿Qué me importa a mí un trozo de trapo ondeando en un palo? Nada si eso sirve para matarse y, en el mejor de los casos, perder el tiempo en discusiones idiotas. Lo del trapo para definir la bandera ya lo dijo Camilo José Cela, por cierto. ¿Por qué sólo se meten con Cataluña y no con el País Vasco, que es la autonomía con más competencias y la única que hasta recauda sus impuestos? Por MIEDO, pero ellos venden que se rompe España.

La rosa y la cruz

Socialistas: han avanzado un poco con algunas leyes que eran imprescindibles, pero no tienen el coraje suficiente para romper de una vez con la Iglesia y lograr que este país sea laico y civilizado. Las religiones, a sus iglesias respectivas, que es un tema íntimo y personal.

Se vende ajuar de pobre a la salida del metro

La izquierda: su misión sería conseguir la dignidad y el bienestar de las personas, no mantener consignas y eslóganes acartonados. Izquierda unida debería dejar en la cuneta a los nostálgicos del comunismo del estilo Unión Soviética.

Nacionalistas: además de proteger su patrimonio cultural, deberían centrarse en conseguir que sus comunidades tuvieran una vida de calidad en vez de defender tonterías, la forma de la boina de turno o reinventar la historia para alentar la confrontación.

A mí alrededor veo a la gente comprando compulsivamente, queriendo aparentar, endeudándose por encima de sus ingresos. Sin ánimo para protestar, para organizarse. El consumo de ansiolíticos y antidepresivos alcanza cifras preocupantes. Ya hay hijos que viven de las pensiones de sus padres.

Que acabe la farsa y empiece el espectáculo

¡Socorro! A quien corresponda. Ahí va una corta lista de cuestiones importantes que podrían sustituir a los debates que no interesan a nadie con inteligencia media.

Sueldos dignos para todos.

Vivienda con precios asequibles, proporcionales a los ingresos.

Educación laica. Enseñanza de valores democráticos.

Conciliación para que haya vida personal más allá del trabajo.

Trabajo sin explotación, respeto a todos los derechos laborales.

Justicia para todos. Jueces imparciales.

Por último, que los políticos profesionales, los poderes económicos, los medios de comunicación nos respeten como seres humanos y no traten de adocenarnos y se burlen impunemente de la democracia y la dignidad.

Exigimos que nos respeten como ciudadanos que somos.

4 de octubre de 2007

Moby Dick

Hoy he sentido la necesidad de leer en voz alta el inicio de Moby Dick. Llovía intensamente. De fondo el “Andante” del concierto para piano y orquesta nº 21 de Mozart suena maravilloso. Me siento delante del ordenador, abro mi archivo de fotos y decido ser por una tarde el capitán Ahab.

Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación.

Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación…

… a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala.

Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente.