29 de marzo de 2009

Pintando con lluvia

Agua de lluvia, de río, de mar, de carámbanos, de charcos, de cristales entelados, de deshielos, de rocío... Soy capaz de llorar para que la luz tenga con qué mojar los pinceles.

El sol se cuela un instante entre la lechada celestial devolviendo al paisaje su fondo rojo.

Indiferente a los lienzos pintados por la lluvia, los paseantes prefieren el mar que ruge a mis espaldas, plomo y verde esmeralda con puntillas de nata y garabatos de gaviotas. Precioso también, pero seguirá allí mañana.

Clic, clic, clic, clic, arte efímero en las aceras, para mí, para ti, para quien se atreva a pasar por loco fotografiando el suelo.

Noto su mirada en el cogote. Me giro, clic, te cacé. El ojo soñador del árbol me regala un guiño fuera de cámara.

Agua, árboles, asfalto de colores, luz blanquecina de pizarra mal borrada…

clic, clic, clic.

9 de marzo de 2009

Gente tomando el sol

Corrían rompiendo las cañas de los pescadores Rumor de agua, risas de niños, crujir de arena. Sorolla en la Mar Bella. El sol me entibia como a un gato callejero.
Me llevo el horizonte en un bolsillo, para medir los días grises con gama de azules. Los paisajes se acumulan en mi retina y se precipitan en mi alma llenándola de colores.
Se amaban por encima de todas la convenciones. Cuando fue presentada a la familia, las mujeres criticaron su calva, los hombres la extravagancia de su guante blanco. Ella luce peineta modernista donde quieren anidar las golondrinas.
Los soñadores de día son esos tipos raros a los que les gusta la playa en invierno,
imaginar que el tendero del barrio es un visir camuflado
o la pescadera una sirena que se estremece,
por debajo del mostrador,
cuando te corta la merluza en rodajas.

3 de marzo de 2009

Nietzsche me inspira

La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.
La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño.
Dios ha muerto. Parece que lo mataron los hombres.
Yo necesito compañeros, pero compañeros vivos; no muertos y cadáveres que tenga que llevar a cuestas por donde vaya.
Palabras de Friedrich Wilhelm Nietzsche. Filosofo alemán, 1844-1900 para estas escenas que se me ocurrieron. Aunque era un pelín machista, también era un tipo muy lúcido que me inspira.