22 de abril de 2009

La bella, la bestia y el fantasma del parque

La bestia imaginaba como sería besar aquella boca, olisquear su pelo y descender desde su cuello hasta perderse entre los huecos de su amada.

Con su único ojo se aprendió de memoria los rasgos de la bella para poder soñarla en la oscuridad...

Ni cuando el sol se conjuraba con su obsesión y la desdibujaba o los balcones del edificio de enfrente se reflejaban envidiosos en el rostro de la bella disminuía su deseo de amarla, de poseerla.

Un día de lluvia… la bella del escaparate quedó atrapada detrás de una persiana metálica. Y en el ojo de la bestia se enmarcó un "Se traspasa, por cese del negocio", en negrita y comic sans, para más inri.

Amigos, qué tragedia. Fui testigo ocular de su desdicha. El dolor por la pérdida reventó el corazón de la bestia. Cerró su único ojo y se rindió al destino de los que viven sin amor: la desesperanza, el veneno del alma.

Mientras el chatarrero la aupó a la caja del camioncito junto a lavadoras de bocas abiertas y descolgadas, mugrientas cocinas, lavavajillas con los dientes llenos de restos de festines, sartenes pintadas de hollín y olvido, y artilugios variopintos de rígidas y frías texturas, la bestia rezó ante de expirar:

No invento nada. Os lo cuento como lo vi, con mi propio ojo.
Firmado: el fantasma del parque.

12 de abril de 2009

El instante decisivo (Cartier-Bresson)

"Cuando miras por una cámara y disparas, todo ocurre en un momento: lo que quieres fotografiar se presenta ante ti con un instante decisivo; unas veces estás allí para disparar y otras muchas no lo ves". Iba a cruzar la calle y ellos se pararon unos metros delante de mí. Lo que captó mi atención fue la luz y la coordinación de colores.
"Pero yo vivo ese instante es lo que me interesa. Todo se compone en ese momento y hay que saber verlo". Ariadna acaba de cocinar un arroz con la arena del parque. Está a punto de servir el plato. Me gusta la concentración de su gesto, que sólo dura unos segundos.
¡Qué capacidad tienen los niños para montarse un paraíso en cualquier lugar! Ellos sí saben mirar y vivir hasta que los contagiamos con nuestras rígidas normas y los llenamos de miedos.
"La fotografía es la única que fija un momento preciso. Jugamos con cosas que desaparecen, y cuando han desaparecido es imposible hacerlas revivir". No suelo fotografiar mendigos sin su consentimiento.Pero no pude resistirme a esas dos miradas, la del cartel y la del hombre, convergiendo hacia mí. Una moneda a cambio de ese instante decisivo.