Nada está tan cerca del paraíso como la mirada de un niño.
Así que rescato esa mirada, que guardo en un plumier con dos canicas, un tirachinas y un mapa del tesoro, y me voy a buscar mi paraíso a la vuelta de la esquina.
"Dale al bote de una vez, Mari Pili, que no tenemos todo el día"
"Qué pesadita, Cordelia, no estoy jugando al fútbol.
Hago un posado artístico de reflejo con patas y desecho playero"
"Anda, maja, despliega las alas que pareces una perdiz. No tienes ni pizca de glamour y quedas fatal en las fotos"
"Pues, vale, lo que tú digas"
"Seguidme, pequeñas, que nos vamos a dar un homenaje.
Lo alargado es butifarra, y eso colorado no es sangre, sino pa amb tomàquet
Donde estén las sobras de una sardinada, que se quiten los peces de colores"
Adoro mi ciudad
Regresar después de catorce años por ahí, me hace ser más tolerante con ella que los que nunca la han añorado.
He vuelto a encontrar la chispa de la vida.
Desde hace un tiempo, los árboles de mi barrio me hablan y me cuentan historias salvajes.