Los edificios son bonitos, pero ya están en las guías y en internet, paso, a mí me gustan los detalles como este guapo mozo aguantando el balcón de su amo.
Cuando Xavi no me oye, le digo: "tío, lárgate, y si se le cae el palacete al negrero, que le den".
Huyendo de la horda de turistas, paseamos por los jardines del Castillo. Tengo contraluz para retratar los tejados rojos de la ciudad, qué fastidio, pero de repente aparece el guardia nacional en su rato de descanso, y sólo me falta música de violines y una voz que susurre: “siempre nos quedará Praga”
En el barrio pequeño de Praga, tocando al río y alejado del bullicio del famoso puente de Charles, existe esta zona señorial y tranquila, donde sacudirse el ruido y el olor de los pinchos de
Y hablando de cerveza, Tim tomaba pequeños sorbos de su vaso de plástico mientras conducía su barquito por el Moldava y nos contaba la historia de la ciudad, con el inglés melódico que hablan los checos. Cuando paraba de hablar, Tim, miraba más allá de las orillas del río, tal vez soñando con otro trabajo y con quemar el uniforme de marinerito. Te apoyo, Tim.
Cuando vi a nuestra señora de CD me acorde de
Que le voy a hacer, soy una simple, los hare krisnas me enternecen con su alegría infantil, su sonrisa perenne y ese buenismo a raudales en los tiempos que corren. Y que no comen ajo ni cebolla, lo que se agradece cuando cantan su repetitivo mantra:
Hare Krishna, Hare Krishna,
Krishna
Hare Rāma, Hare Rāma,
Rāma Rāma, Hare Hare.
Desde que nos sentamos en la terraza del bar me llamó la atención, era sin duda un viejo bohemio. Decidí seguirlo con mi cámara. Se levantó se acercó a una iglesia cercana donde acababa un concierto de música barroca y al poco apareció con unas bolsas.
Claro, mi viejo bohemio no es otro que el artista Vladimir Pintà, que toca el saxo, la trompeta, el trombón de varas, baila, canta y tiene una vitalidad y un sentido del humor envidiable. Si buscáis en yotube lo podéis ver en acción. Su particular show dura horas, parece incansable.
Siento no conocer su nombre, cantaba una canción dulce acompañado de la zanfona, un instrumento muy antiguo. Su éxito era escaso entre la manada de turistas. A mí me llamó la atención el encuadre y el instrumento, le pedí permiso para fotografiarlo. Otro día vi como unos judíos, de los que van con levita y tirabuzones, se pararon a escucharlo y luego le hicieron preguntas muy interesados, me alegré por el viejo músico.
Vi el escaparate por casualidad, callejeando, pero la luz era muy mala, así que volvimos al día siguiente para que una servidora pudiera hacer su fricada de costumbre. Me recordó a esas teles que te traían de recuerdos con vistas del lugar, horrorosas, sí, pero más fácil de esconder que la pareja vestida con traje regional. Lo peor.
Esta foto me demuestra que Xavi es un santo varón por seguir conmigo, porque con lo serio que es posa donde le digo, aunque no he vuelto a conseguir que se pasee en un coche de caballos, dice que, esa horterada, por encima de su cadáver.
Dicen que a partir de una edad la mujeres nos hacemos invisibles para los hombres, por eso, cuando este tipo me miró con esos ojitos somnolientos, no me pude resistir. Eso sí, me dijo que de besos en la boca, ni hablar, que se le estropea el piercing.
Hice doscientas fotos más, pero estas son mis favoritas.




