31 de julio de 2010

El toro, la bestia y la “fiesta nacional”

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Son las cinco de la tarde, que no son horas, que el ruedo parece más parrilla que albero.

El caballo del picador, ciego y con más embalaje que un mueble del Ikea, me provoca. Embisto su envoltorio y el picador se venga haciendo palanca con su pica. Me parte el cuello. Mi primera herida.

Me duele, pero no hay tregua. Llegan los capotes. ¡Ey, toro! Me retan, me marean.

Finjo que me cabreo y entro al trapo rosa y fucsia.

Estoy del olé, olé de la peña hasta la rabadilla.

Oh, ¡No! El banderillero dando saltitos, con dos pinchos morunos de colores. Corre hacia mí retador, paradiña y… ¡zaca!, me clava los pinchos. Mira altanero al tendido. Y repite. Cuatro banderillas, cuatro.

Parezco el acerico de la abuela, un acerico ensangrentado.

Mi lomo se pinta de amapolas y las moscas, ay, las moscas, tan hispanas como yo, se ceban. Mi rabo que aspira ser cortado por la gloria de una tarde de fiesta se deprime y pasa de espantarlas.

Herido y desconcertado, embisto la barrera y simulo que soy bravo, pero sólo estoy asustado. Muy asustado.

Sale el maestro. Tieso, trascendente, chaquetilla con hombreras al estilo de los 80, medias rosas, pantalón pitillo y zapatillas de baile. Exhibiendo hombría entre la cintura y las rodillas. ¡Torero, torero!

Ruge la plaza. Voy a morir a ritmo de pasodoble: “Paquito el chocolatero”. Chocolate con churros. Es la hora de la merienda. Es la hora del escarnio, de la barbarie.

No puedo pensar, quiero irme, pero el del traje de luces me persigue con el estoque escondido en un trapo rojo. Acaba de una vez “tortura nacional”, me digo para mis adentros, que cada vez son más mis afueras por donde se me va la vida.

EL torero desnuda el estoque, espera que baje la cabeza y ¡zaca! Me lo clava. El filo se resiste a entrar. Duele. ¡Qué poco arte, chaval! Lo intenta de nuevo. Shshshhsh! Se desliza el estoque como la cuchilla de un patín en la pista de hielo.

Me tiro al suelo, pero no me da la gana de morirme, saco la lengua. ¡Qué os den a todos!

Llega el descabello. Un puñal corto que me clavan sin fiesta ni alharacas en el cuello.

Me cortan las orejas, a veces el rabo. Los cuernos y el ánimo ya los traigo desmochados de casa. Me arrastran por la plaza…

Soy el toro, ese toro enamorao de la luna, ese torito, ay, torito bravo, al que los brezos le besan la frente y abanicos de colores parecen sus patas…

Bien por Cataluña, requetebién por Canarias, donde no se nos tortura como divertimento desde 1991. Olé, por Asturias, donde el ruedo cría malvas y abandono… Llegó por fin la Ilustración a parte de España, aunque sea con unos cuantos siglos de retraso.

Ay, Fernando VII, ¡qué cutre eras!, rey.

“Y vuele

esta oración

con la fuerza de las palabras

más allá de la jaula de este mundo

hasta quién sabe dónde. Amén” (Baricco)

24 de julio de 2010

Tinto de verano: la felicidad

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Lo habitual en el parque es encontrarte con gente que saca a pasear al perro, al abuelo o a los niños... En raras ocasiones he visto un hurón, un gato y hasta un novio desganado. Pero ¿un paseador de pájaros? Mi primera vez.

Varón, entre veintitantos y treinta. Tranquilo, serio, ensimismado.

­-Hola, ¿qué tal?

-Bien

-¿Puedo hacer una foto?

-Sí, a ellos…, sí.

-A ti con ellos ¿no?

-No

Mientras encuadro acuclillada a los frágiles y bellos jilgueros y mis articulaciones de menopáusica crujen como un barco pirata de película, trato de entablar una conversación con el paseador de pájaros.

Resumo sus escuetas respuestas: los trae al parque no para que huelan a yerba o respiren el aire del mar cercano, como yo tonta de mí presuponía. Sino para que oigan cantar a otros pájaros que viven en libertad.

Los transporta uniendo las jaulas con una correa que se pone a la espalda, como una mochila. Con la funda cerrada. La dichosa funda no es para resguardarlos de las inclemencias del tiempo, sino para que no se vean entre sí y no tengan otra distracción que cantar.

-¿No te da pena tenerlos en esas jaulas tan chiquititas y con esas fundas tan horteras? Lo de las fundas no se lo digo, sólo lo pienso. Me pierde la estética, que le voy a hacer.

-No, ¿por qué me iba a dar pena? Son felices.

- ¿Y cómo sabes que son felices? El chaval estaba teniendo bastante paciencia conmigo. ¡Puedo ser tan plasta! Supongo que le recuerdo a su madre. Las madres acabamos pareciéndonos.

- Cantan. Si no fueran felices no cantarían.

¡Touché! Ni preguntas trascendentales ni libros de autoayuda ni pastillas azules. Estaba a punto de darle un beso al pastor pajaril por aquella sabia y sencilla lección cuando en el disco duro de mi cerebro se abrió una ventana emergente: Refranes populares.

“Quien canta, sus males espanta” ya están los dichosos refranes jorobando con sus pareados rancios. Tenía que haber mandado esa carpeta a la papelera de reciclaje.

Pero desde entonces me corroe la duda: ¿Tú cantarías si te metieran en una jaulita con una funda tan horrorosa aunque te llevaran al parque? Pensadlo.

Y ¿si de verdad son felices?

10 de julio de 2010

Tinto de verano: la roja

Señora, ¿no le da vergüenza a su edad ir fotografiando culos por ahí?

Qué me dé la vuelta, dice, a ver qué escondo entre las manos, que no se fía de las apariencias.

Me ofende, Lady, doy la talla. Por dios, deje esa cinta métrica, que es usted una impúdica y una descarada.

¿Qué de dónde vengo y adónde voy? ¡Usted no tiene límites!

Pues vengo de enfrentar a los catalanes con el resto de España. Sí lo del boicot de sus productos estuvo, guay, pero es que el cava es tan rico… Y voy a manifestarme por el derecho a la vida, de los “No nacidos”

¿Que qué hay de los miles de niños nacidos de los que ha abusado el clero? Sepa que se han confesado y que sus pecados han sido perdonados. No me cambie de tema.

¿El derecho a la vida de las mujeres? ¿Qué matan 6 de media al mes? Hija, esas cosas pasan.

¿El derecho de las mujeres a decidir? ¿Qué es una mujer me pregunta? Pues, está claro: una esposa, una madre, una abuela, una santa…

¿Cómo que un ser humano libre y responsable? Señora, usted además de descarada es ¡una izquierdista asquerosa!

-No, no, ya no la llamo ROJA porque ahora la roja es la victoriosa selección Española de fútbol.

Sí, sé que en la ROJA hay ocho futbolistas del Barça… y que Puyol es catalán…. No me lo recuerde… ¡España! ¡España! Yo soy español, español, español...

¡Abajo el ESTATUT! No hay más nación que la nación española según el Tribunal Constitucional.

Será la tipa esta… no me ha dicho que soy patético, casposo, intolerante, antiguo, hipócrita y que además estoy fondón… Señora, le voy a lavar la lengua con lejía.