Me gusta observar a la gente y escuchar lo que hablan mientras me entibio al sol en la terraza del bar. De repente me doy cuenta que los edificios de la plaza de la Virreinausan mi té de espejo. ¡Qué coquetos! Clic.
(Todas las fotos se amplían si cliqueas sobre ellas)
Imposible no fijarse en el tendero creativo con sus huevos de gallina, de pata, de codorniz y de avestruz colocados de manera tan teatral y pinturera. Sonrío y toco la paja que es de verdad. Clic.
“Con un par de huevos”, como dice el cartel, sortean la crisislos jóvenes y los emigrantes, que son quien más la sufren, mientras los banqueros y muchos de los que la provocaron siguen llenándose los bolsillos con dinero público. ¡Qué país! Me cabreo. Clic.
Suerte que el perrito del calzón rojoy gafas de sol, agarrado con tanto amor a la pierna rosa que cuelga del balcón, me devuelve mi buen humor. Clic.
También contribuye la historia romántica y enigmática de esta foto.
Se acerca una vecina y me cuenta: que en esta fábrica, que permanece abandonada desde hace 30 años, hace un tiempo que alguien coloca fotos a la altura de un piso.
¿Cómo lo hace, cuándo y por qué? No lo sabe, pero sí me dijo que siempre mira hacia arriba al pasar por esta calle porque la exposición va cambiando misteriosamente.Clic.
A punto de finalizar el paseo, este gracioso graffiti sale a mi encuentro. Mientras decido como fotografiarlo, dos hojas se cuelan en el encuadre arrastradas por el viento para recordarme que es otoño, mi estación favorita. Clic.
Todas las fotos están tomadas en el barrio de Gracia, en una mañana de sábado. Me gusta su aire de pueblo y esa mezcla de artesanos, artistas, gente joven y vecinos de toda la vida. También sus cuidadas y sorprendentes tiendas.
Si venís a Barcelona, aparte de avisarme, no dejéis de pasear por este barrio.
Los gigantes tuvieron miedo de la señora diminuta que les miraba fijamente sin soltar el bastón y activaron la alarma de su urna blindada.
Las autoridades acusaron a la señorade provocar a las tradiciones con su actitud desafiante a pesar de su escasa estatura.
Laabogada de oficio de lamini señora pidió el sobreseimiento de la causa alegando abuso de menores.
Gigantas venidas de todos los barrios de Barcelona se reunieron en el Fòrum para asistir al juicio contra la señora mínima.
Mientras esperaban a las autoridades, disfrutaron de los castellersy demás festejos del folclore catalán.
La abogada de la señora diminuta llegó corriendo, seguida de su fiel pasante Pau, con el que había preparado una defensa arrolladora.
La pescadera del barrio asistió con su novio Ramonet, que la miraba embobado, pasando de la lubina fresca que se estremecía de añoranza ante la cercanía del mar.
Al atardecer, la presidenta de Tribunal anuncióel sobreseimiento del caso y brindó con cava del Penedes por la libertad de la señora minúscula.
Los gigantes se alejaron bailando hacia las furgonetas, donde los vecinos los acortaron, envolvieron con mimo sus partes más delicadas y se los llevaron al país de la fantasía. El sol tiñó de púrpura el cielo, empezaron a prender las luces amarillas de las farolasy yo me largué a mi casa cantando feliz:
Els gegants de la ciutat
ara ballen ara ballen,
els gegants de la ciutat
ara ballen pel terrat.
(Los gigantes de la ciudad,
ahora bailan, ahora bailan,
los gigantes de la ciudad,
ahora bailan por los tejados.)
Salí de casa a estirar las piernas de manera metafórica,y me encontré con estos personajes que las habían estirado en sentido literal. A pesar de que la luz no era para volverse loca haciendo fotos, no me pude resistir a traerlos hasta aquí y contaros esta insignificante historia.
La gárgola ciega de la catedral de San Vito hace gárgaras sin que los turistas la miren. Un artista medieval vendió su lengua para comprarse un cincel y el canalón del tejado la utiliza para evacuar. Y es que ya lo dice el refranero…
“…al que nace pa martillo del cielo le caen los clavos”
Mira que eres mono,
que monito eres.
Verdad que en mi vida
No he visto un monito más lindo que tú.
Con esas orejas, que parecen panes
Con esa mirada, tan enajenada
Con que miras tú…
Cualquier día de estos me tiro al río, o meto la oreja enel mecanismo del organillo y acabo con este tostón de vida, palabra de mono.
Hola, nena, no soy más guapo porque no entreno. Me tendrías que ver sin la cota de malla, sin el casco, sin el tapa narices, sin los guantes, sin la espada…
¿A qué te excita imaginarlo? ¿Quedamos cuando cierren la muralla?
¿Querrás decir la oficina de información turística?
Qué poca imaginación le pones a la vida, guapa. Soy el Cid Campeador, el de la barba vellida y tú mi Jimena.
¿Y como le digo ahora que acabo de descubrir que soy gay, que cuando el cura ha dicho: “pueden besarse los novios” he estado a punto de lanzarme sobre el padrino y hacerlo mío?
¡Bruce Lee, por lo que más quieras, aparece y líate a hostias con los invitados mientras se me ocurre algo!
Apareció en mi balcón, agitó sus alas y se quedó frente a mí meciendo su cuerpo de algodón. Fui a mi archivo de fotos. Busqué: a ver, ¡qué desorden!, pájaros, ojos de pájaro, animalejos, sin archivar, de todo un poco …
¡Por fin! Corrí a ponerle el ojo. ¡Qué guapo!
Le conté que el ojo era de un pelícano atrapado en el Zoo, que, por favor, lo llevara a ver mundo: la muralla china, el Taj Majal, Petra, Machu Picchu, los jardines colgantes de Babilonia, la mezquita de Córdoba, Florencia, Roma, la Toscana, New York, París, Tombuctú…
Después de prometerme cumplir mis deseos, se alejó batiendo sus alas de borlas y ondulando el body como una danzarina del vientre celeste.
¡Qué pena de mujer! Una cosa es estar en las nubes y otra hablar con las nubes. Si yo os contara... Necesita la fantasía para equilibrar su escepticismo, para no caer en la desesperanza, para seguir sonriendo. Para que la melancolía del otoño no la invada.
A mí me tiene hasta los bigotes poniéndome la cámara a un centímetro de la nariz, pero es que salgotan preciosa…
Los edificios son bonitos, pero ya están en las guías y en internet, paso, a mí me gustan los detalles como este guapo mozo aguantando el balcón de su amo.
Cuando Xavi no me oye, le digo: "tío, lárgate, y si se le cae el palacete al negrero, que le den".
Huyendo de la horda de turistas, paseamos por los jardines del Castillo. Tengo contraluz para retratar los tejados rojos de la ciudad,qué fastidio, pero de repente aparece el guardia nacional en su rato de descanso, y sólo me falta música de violines y una voz que susurre: “siempre nos quedará Praga”
En el barrio pequeño de Praga,tocando al río y alejado del bullicio del famoso puente de Charles, existe esta zona señorial y tranquila, donde sacudirse el ruido y el olor de los pinchos de la Plaza Vieja. Al dejar atrás las embajadas, todas en edificios del XVII y XVIII, nos encontramosa este bebé gateando, por los alrededores del Museo Kampa, muy interesado en los caminantes.
Por las tardes, el bebé se viste de heavy navideño y se larga a algún garito a beber cerveza. ¡Santo cielo! Qué grandes son las jarras que te ponen. Molan los pendientes.Mira en tu costurero, no te cortes, y estrena zarcillos.
Y hablando de cerveza, Tim tomaba pequeños sorbos de su vaso de plástico mientras conducía su barquito por el Moldava y nos contaba la historia de la ciudad, con el inglés melódico que hablan los checos. Cuando paraba de hablar, Tim, miraba más allá de las orillas del río, tal vez soñando con otro trabajo y con quemar el uniforme de marinerito. Te apoyo, Tim.
Cuando vi a nuestra señora de CD me acorde de la Sociedad General de Autores españoles (SGAE), y pensé que sería un buen reclamo, una estampita con la que disimular su avaricia recaudatoria y convencernos de que los dineros son para apoyar a nuevos artistas. Por si ocurre el milagro, señores, ahí tienen a su santa patrona.
Que le voy a hacer, soy una simple, loshare krisnas me enternecen con su alegría infantil, su sonrisa perenney ese buenismo a raudales en los tiempos que corren. Y que no comen ajo ni cebolla, lo que se agradece cuando cantan su repetitivo mantra:
Hare Krishna, Hare Krishna,
Krishna Krishna, Hare Hare,
Hare Rāma, Hare Rāma,
Rāma Rāma, Hare Hare.
Desde que nos sentamos en la terraza del bar me llamó la atención, era sin duda un viejo bohemio. Decidí seguirlo con mi cámara. Se levantó se acercó a una iglesia cercana donde acababa un concierto de música barroca y al poco apareció con unas bolsas.
Claro, mi viejo bohemio no es otro que el artistaVladimir Pintà, que toca el saxo, la trompeta, el trombón de varas, baila, canta y tiene una vitalidad y un sentido del humor envidiable. Si buscáis en yotube lo podéis ver en acción. Su particular show dura horas, parece incansable.
Siento no conocer su nombre, cantaba una canción dulce acompañado de la zanfona, un instrumento muy antiguo. Su éxito era escaso entre la manada de turistas. A mí me llamó la atención el encuadre y el instrumento, le pedí permiso para fotografiarlo. Otro día vi como unos judíos, de los que van con levita y tirabuzones,se pararon a escucharlo y luego le hicieron preguntas muy interesados, me alegré por el viejo músico.
Vi el escaparate por casualidad, callejeando,pero la luz era muy mala, así que volvimos al día siguiente para que una servidora pudiera hacer su fricada de costumbre. Me recordó a esas teles que te traían de recuerdos con vistas del lugar, horrorosas, sí, pero más fácil de esconder que la pareja vestida con traje regional. Lo peor.
Esta foto me demuestra que Xavi es un santo varón por seguir conmigo, porque con lo serio que es posa donde le digo, aunque no he vuelto a conseguir que se pasee en un coche de caballos, dice que, esa horterada, por encima de su cadáver.
Dicen que a partir de una edad la mujeres nos hacemos invisibles para los hombres, por eso, cuando este tipo me miró con esos ojitos somnolientos, no me pude resistir. Eso sí, me dijo que de besos en la boca, ni hablar, que se le estropea el piercing.
Hice doscientas fotos más, pero estas son mis favoritas.
El hombre de mi historia no tenía motivos importantes para ser infeliz. Pero un día, giró sus ojos hacia adentro, se concentró en sí mismo y se inventó un mundo asqueroso que parecía conspirar contra él.
Los párpados se le quedaron abiertos, atascados por el asombro. Las pestañas se mustiaron añorando la humedad de la emoción, y los globos oculares al revés le daban un aire de zombi desvalido.
Para disimular el estropicio, el hombre se compró unos ojos. Sus ahorros sólo alcanzaban para un par.
- Te recomiendo los de soñador. Son discretos y combinan con cualquier evento social. Eso sí, recuerda que no hago milagros, que sólo es un disimulo. Estos ojos no lloran, no ríen, claro que tampoco muestran angustia ni dolor.
– le dijo el viejo artesano, una eminencia en ojos para los que no quieren ver.
El hombre salió a dar un paseo con sus ojos de mentira, orgulloso de que nadie pudiera descubrir su infelicidad. Y en vez de disfrutar con los ocres de los árboles o distraerse con los niños que reían en la plaza inventándose paraísos, o enternecerse con los gatos entibiándose al sol como los viejos felices, se miró el ombligo, redondo y anudado como sus emociones.
Vio como el corazón perdía su brillo rojo y latía con desgana. También como la desesperanza y el resentimiento se columpiaban sarcásticos en sus costillas flotantes. Y como la empatía se ahogaba, arrinconada en una artería taponada por la furia.
Él, que antaño amaba la belleza, se perdía los atardeceres, que dibujaban con tinta china los edificios sobre fondo naranja y malva.
Entre su mujer y el hombre se instaló una autopista de silencio, cada vez más desangelada, cada día más ancha. Por la noche miraban la tele, es un decir, porque sus ojos de verdad seguían mirando hacía adentro. Luego se daban la espalda antes de dormir.
Entonces él se quitaba sus ojos de soñador, los guardaba con cuidado en su cajita de nácar, y lloraba desconsolado en la oscuridad.
Nota: todas las fotos y fotomontajes son míos, aunque la cajita para poner los ojos la he sacado de Internet. Lo digo por si el autor la reconoce y quiere que la retire, sólo tiene que indicarlo.
Veraneo en casa con las ventanas cerradas y el ronroneo suave del aire frío, esperando que asome septiembre por el calendario.
Café expreso, bebida de cola, leo, alquilo películas raras, trabajo, planeo algún viaje para cuando refresque. Mi gata está contenta de tenerme todo el día, aunque tenga que ponerle una mantita, porque ella prefiere el calor.
Un hombre hace sombra a su sombra para que no se derrita.
Un día se me ocurre pasear al mediodía. Insensata. La cercanía del mar evita que muera agostada.
Ya sólo salgo al anochecer, si nada me obliga.
Camino por la orilla con los pies en remojo. El sonido del mar y la brisa me reconcilian con el verano. Se encienden las luces y la calle rebosa de gente. Acelero el paso. Sudo. Añoro el otoño.
Los días de tormenta son mis preferidos. Me gusta la luz. Quehuele a lluvia antes de caer, que la playa se despuebla, que se puede respirar.
-Pues a mí NO, chavalita. Para un día que me baño y no hace sol. Ay, madre del amor hermoso que frío.¡Quiero mi mantita!
¿Messi veranea en la playa de mi barrio? Empiezo a creer en la crisis, y eso que los futbolistas pagan una miseria al Fisco.
¿Estarán exentos por mantener a gran parte del país sin inquietudes sociales, laborales, sin criterio ni juicio?
Lo que más me gusta del verano es quese va y el próximo todavía tardará meses en volver.
Hoy he podido abrir las ventanas, apagar el aire frío, y hasta me ha dado por revisar mi colección de botas y fulards.